Las mascarillas son productos que
se aplican durante un tiempo determinado, aproximadamente unos 20 o 30 minutos,
y que permiten que sus ingredientes penetren en profundidad en la piel, lo
cual nos ayuda a conseguir unos resultados más visibles y duraderos.
La piel sufre mucho las
consecuencias de la contaminación, la alimentación deficitaria en nutrientes,
el estrés, el clima, etc., por lo cual, debemos proporcionarle de vez en
cuando unos cuidados más intensivos si queremos mantenerla firme y
radiante.
Es fundamental conocer cuál es
nuestro tipo de piel para elegir los ingredientes adecuados y equilibrar el
cutis de manera efectiva y natural.
Podemos clasificar los tipos de
piel en las siguientes categorías:
Piel normal: Tiene una
hidratación natural adecuada y no sufre impurezas importantes.
Piel seca: Le falta hidratación,
se descama.
Piel grasa: Una piel que brilla y
que puede tener tendencia a las impurezas.
Piel mixta: Este tipo de piel
tiene un exceso de grasa solamente en la zona T (frente, nariz y barbilla).
Piel acneica: Característica de
las chicas jóvenes que sufren la aparición de puntos negros y granitos.
Piel madura: Pieles de cierta
edad, desvitalizadas y con arrugas.
Piel delicada: Con tendencia a
irritarse o enrojecerse.
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